“Las vacunas pueden causar muchos efectos secundarios muy dañinos, enfermedades e incluso la muerte, por no mencionar los posibles efectos a largo plazo que ni siquiera conocemos”.
En realidad, las vacunas son muy seguras. La mayoría de los efectos negativos que se relacionan con las vacunas son menores y temporales, como un brazo adolorido y un poco de fiebre. Otros efectos negativos más serios ocurren rara vez (y son del orden de uno por millares a uno por millones de dosis), y algunos son tan raros que no es posible evaluar el riesgo con precisión. Como pasa con cualquier medicina, puede haber efectos secundarios menores. Dependiendo de la vacuna, éstos pueden incluir: fiebre ligera, erupción o dolor en el sitio de la infección. Es normal sentir molestias leves y esto no debe ser causa de alarma.
Si las vacunas causan efectos secundarios, ¿no sería “más seguro” evitarlas y ya? Por desgracia, la decisión de evitar las vacunas no está exenta de riesgos; al tomar esta decisión se corre un riesgo diferente y mucho más grave. Después de que se dejó de aplicar la vacuna contra la tos ferina en países como Japón e Inglaterra, se produjo un aumento de diez veces en los casos de hospitalizaciones y muertes a causa de esta enfermedad. Cuando se toma en consideración el riesgo de las vacunas y el riesgo de las enfermedades, las vacunas son la opción más segura.
Si usted cree que su hijo(a) está experimentando una reacción persistente o severa a una vacuna, llame a su médico o lleve a su hijo(a) a ver al doctor inmediatamente. Anote todo lo que haya ocurrido y la fecha y hora en que sucedió. Pida a su doctor, enfermera o departamento de salud que presente un informe sobre un suceso adverso con una vacuna (Vaccine Adverse Event Report), o vaya a www.vaers.hss.gov para llenar el formulario personalmente.
“Las vacunas no funcionan”.
Se registró una reducción radical en la incidencia de enfermedades como el sarampión, paperas, rubéola (sarampión alemán), polio, difteria, tétanos, Hib y tos ferina después de varios años de la introducción de las vacunas contra estas enfermedades. Las vacunas no sólo funcionan, sino que funcionan extraordinariamente bien.
“La mayoría de las personas que se enferman han sido vacunadas”.
Ninguna vacuna es 100% eficaz. La mayoría de las vacunas infantiles son eficaces entre 85% y 95% de los casos. Por razones relacionadas con el individuo, algunas personas no desarrollan inmunidad.
“Las vacunas no son seguras”.
¿Qué significa la palabra “seguro”? La primera definición de esta palabra es “que no hace daño”. Esta definición implicaría que cualquier consecuencia negativa de las vacunas las haría poco seguras. Usando esta definición, ninguna vacuna es 100 por ciento segura. Casi todas las vacunas pueden causar dolor, enrojecimiento o hipersensibilidad en el lugar donde se aplicó la inyección. La segunda definición de la palabra “seguro” es “estar resguardado de un peligro real”. Esta definición implica que las vacunas proporcionan seguridad. Usando esta definición, el peligro (la enfermedad) debe ser significativamente mayor que el medio para protegerse del peligro (la vacuna). O, dicho de otra forma, los beneficios de la vacuna deben superar clara y definitivamente sus riesgos.
Debido a que las vacunas se administran a personas que no están enfermas, se sujetan a las normas más estrictas de seguridad. Como resultado, son de las cosas más seguras que introducimos en nuestro cuerpo.
“Los bebés son demasiado pequeños para vacunarlos”.
Es necesario vacunar a los niños en los primeros meses de vida porque varias enfermedades que pueden prevenirse por medio de la vacunación los infectan cuando son muy pequeños. Por fortuna, los bebés son sorprendentemente buenos para crear inmunidad a los virus y bacterias. Alrededor de 95 por ciento de los niños que reciben las vacunas DTaP, Hib y contra el virus de la hepatitis B quedan completamente protegidos cuando llegan a los 2 años de edad.
“Los niños reciben demasiadas vacunas”.
Los bebés y los niños pequeños comúnmente encuentran y superan muchos retos para su sistema inmunológico al mismo tiempo. Sin embargo, las vacunas son sólo una parte pequeña de lo que los bebés tienen que enfrentar todos los días. Aunque en el vientre materno están libres de bacterias y virus, los recién nacidos se enfrentan de inmediato a una multitud de retos diferentes a su sistema inmunológico.
Las 11 ó 12 vacunas que los niños reciben en los primeros dos años de vida son sólo una gota en el océano cuando se comparan con las decenas de miles de retos ambientales que los bebés superan con éxito todos los días.
“Las vacunas contienen aditivos dañinos”.
A algunos padres les preocupa que el timerosal, un conservador que contiene mercurio y que se usa en la vacuna contra la gripe, cause autismo, un trastorno del desarrollo cerebral que afecta la interacción social y la comunicación. En los últimos años, una serie de estudios biológicos y epidemiológicos han demostrado que esta precaución no tiene fundamento, ya que nunca se ha demostrado que el mercurio, en el nivel que lo contienen las vacunas, ocasione problemas neurológicos. Un estudio reciente realizado por investigadores del Departamento de Salud Pública del estado de California concluyó que la tasa de autismo en los niños aumentó de forma continua durante el período de 12 años que duró el estudio, de 1995 a 2007, a pesar de que el timerosal se eliminó de las vacunas infantiles rutinarias. Este último estudio se suma a las pruebas existentes que refutan la existencia de una relación entre la exposición al timerosal y el riesgo de autismo y debe darle la seguridad de que las vacunas no causan autismo.
En la actualidad, con excepción de algunas vacunas contra la gripe, ninguna de las vacunas que se aplican en los Estados Unidos para proteger a los niños contra 12 enfermedades infecciosas contiene timerosal. El timerosal se añadía originalmente a las vacunas para protegerlas de la contaminación bacteriana. Aunque el mercurio puede tener efectos tóxicos en grandes cantidades, no hay pruebas de que las cantidades pequeñas de timerosal que contienen las vacunas hayan ocasionado alguna vez problemas en los niños. De hecho, un bebé que se alimenta exclusivamente con leche materna ingiere 15 veces la cantidad de mercurio contenida en la vacuna contra la gripe.